Bueno y como lo prometido es deuda, aquí va una receta exquisita, uno de los grandes manjares de mi tierra y el mejor de los platos de mi casa por supuesto...
Cuenta mi abuela que su buen padre era uno de los mejores carpinteros de la tierra de las aceitunas. Lucho en la Guerra Civil, pero pronto tuvo que volver a su hogar con una bala en el pulmón. Se casó con una mujer extraordinaria, capaz de criar a siete hijos en los tiempos de la posguerra. Poco pan y muchas lentejas, el título de una película protagonizada por mi abuela y sus hermanos; demasiada hambre.
Mi bisabuelo llegaba a su casa en la cena, recuerda mi abuela, y lo primero que se preparaba su pipirrana o lo que pillara con el "majao" que tanto le gustaba. Sus hijos lo miraban deseando probar bocado y él esperaba unos minutos, tiempo suficiente para que su cena se enfriara en la ventana, ya que, como apunta, "entonces no había frigorífico".Todo esto me lo decía desde pequeña. Me miraba con su cara de regañina, cuando, después de horas sentada conmigo para que comiera, arremetía:
-¡Aaaay qué vosotros no habéis pasado hambre! Cuando yo era joven me tuve que ir a Madrid para trabajar. A limpiar suelos, con las manos... ¡Hips! ¡Uuuuy! ¡Aaaaaaaaaaay! ¡Hips!
Y yo que la miraba y no me creía lo que estaba viendo:
- Abuelita, ¿estás llorando?
- ¡Aaaaaaaayyyyy! Si es que vosotros no habéis pasado hambre... Mi hermana y yo allí en Madrid, para dar de comer a nuestros hermanos, fregando suelos con callos en las manos, levantándonos a las 4 de la mañana... ¡Aaaaaaaaayyyy! Por eso digo, ¡qué mal acostumbrados estáis ahora! ¡Aaaaayyy!
Y no será por veces que se ha comportado así, que aún le vienen lágrimas a los ojos. Espero siempre la misma reacción, su encogimiento de cara, la rojez en las mejillas y sus desconsolados lamentos. Yo, y puede parecer que no tengo sentimientos y no es eso, me acercaba a ella y le contestaba medio riendo, medio conteniéndome:
- Pero abuelita que eso paso hace mucho tiempo...
- ¡Aaaaaaayyy! Ahora, que yo estaba muy bien mirada. ¡Cómo me querían a mi los señoritos! Vivían en Chamberí, donde tú estás ahora y me recorría todo Madrid entero andando. Nunca me perdía y yo iba por los cines, Gran Vía, el centro,... Todo recto para abajo y llegaba donde vive mi hermana, que entonces no había puentes, estaba todo desierto. Hasta Vallecas andaba, porque claro tu tía se casó con un madrileño... ¡Qué saben mucho los de la capital! Han visto muchas cosas, así que ¡tú ten cuidado! Pero a mí no me pillaron... ¡Vaaaamos! Una morena allí, con los ojos azules y tan guapa, que yo era, con mis formas, pues los tenía así... (señal con las manos de "a montones" incluida). Me acuero del hijo de mujer de la tienda donde íbamos a comprar, ¡enamoraito lo tenía! y ¡cómo me miraban por la calle! Con que arte y brío me movía yo, que si hubiera querido, me caso con uno de buena familia, pero a ver, yo sentenciada que estaba... Ya me dijo mi abuela una vez: "tú eres mujer, para un pobre".
Tan a gusto que se queda la buena señora. Yo echo una ojeada a mi abuelo sentado a su lado, que la mira y mueve la cabeza de un lado para otro, como afirmando que no tiene solución ninguna y responde chinchándola:
- Pues, ¡podrías haberte ido con otro de esos!
Mi abuela lo mira indignada y contesta:
- ¡Eso tendría que haber hecho! ¡Pues bien guapa, que estaba yo! ¿Te he enseñado yo la foto de joven!
- Sí, abuelita...
-¡Mira! ¡Mira!
Saca mi abuelo de su monedero una foto preciosa, en blanco y negro con los filos troquelados, donde se observa a una mujer de piel blanquita, ojos inmensos, claros como el cielo, pelo negro motoso, medio recogido y con las ondulaciones de la época. Mira sin miedo a la cámara desafiante, invitándola a fotografiar su mejor pose, aquel en el que enlaza su cuerpo al lado de una silla con un brazo, mientras el otro lo apoya detrás del cuello para levantar su largo cabello.

Pipirrana de mi bisabuelo
Ingredientes (4 personas)
9 tomates pelados
3 huevos duros
2 latas de atún
1/2 pimiento verde italiano
1 ajo
1/4 de vaso de aceite de oliva virgen extra
1 pellizquito de sal
2 puñaditos de miajón o miaja de pan
Vamos a hacer toda la preparación en un mismo cuenco o bowl, por lo que cogeremos el más grande que tengamos o en el que veamos que cabe la pipirrana.
Comenzamos picando el ajo muy pequeño y machacando con un mortero bien. A éste le añadimos un huevo duro troceado y seguimos machacando, también un tomate que trocearemos sobre el huevo para que suelte todo el líquido en la mezcla y una lata de atún con su jugo. Esto se machaca bien, moviendo todo el rato y dejando que espese todo un poco, que se quede como una salsa pastosa.
A continuación, incorporamos el miajón y seguimos con el mismo procedimiento y poco a poco el aceite sin dejar de remover, para integrar por completo el aceite y que no se vea suelto en gotas por ninguna parte de la mezcla.
Cuando hayamos conseguido esto, deberá quedar una salsa de color salmón, que estará mejor si apenas tiene grumos. A ésta le vamos troceando los tomates restantes, un huevo y el pimiento verde, éste último en trocitos pequeños. Removemos bien con una cuchara los ingredientes con el majao y dejamos en el frigorífico el bowl al menos dos horas, para que coja sabor el ajo y lo demás.
Finalmente, se presenta en un plato, con el huevo cocido que nos ha quedado y el atún de la otra lata de atún.
¡Ya sólo disfrutar de este plato riquíiiiiisimo! Ahhh y a mojar todo el pan del mundo, según os aconseja mi abuela.






























