Estaba yo cebando a mi novio con kikos... Todo por culpa de mis conjeturas...
Casi todos los días hago una paradita en el chino que hay al lado de mi casa; que si un día a por agua, otro por chicles, algunas veces caramelos y coca cola. Bien, pues cuando ya llevaba visitando este sitio cerca de un mes, me percaté de que el mozuelo que atendía me miraba de vez en cuando. Vamos que le pillaba yo ojeándome por los cristales de la tienda.
Claro, esas miradas furtivas se hicieron cada vez más evidentes por mi parte. Y, de repente un día, voy a pagar al mozuelo y él, después de cobrarme, me mira como si esperara que le pidiera otra cosa. Yo, un poco incómoda, con esa expresión facial tan directa y seria, le digo:
- No necesito bolsa, gracias.
Pero alarga la mano detrás del mostrador y me da una bolsa de kikos. ¿Eh? ¿y esto? ¿dónde me he perdido? Le repito:
- No que te he dicho que no necesito bolsa, gracias.
- No, esto para ti.
- Ahm... pues...¡gracias!
¡Madre mía! ¡Sospechas confirmadas! Este pobre que le he tenido que gustar yo... Normal, si vas dando las gracias y sonriendo... Así, ¿qué esperas? Bueno, no hay que ser tan negativa, por lo menos te ha regalado una bolsa de kikos.
Llego a casa y dejo la bolsa en la mesa del salón. Me encuentro a mi novio, le comentó la jugada del chino, ve los kikos y..., pis pas, ¡adiós bolsa! "Comida por no comer", ¿no? ¡Vaya rapidez chaval! Bueno, por lo menos se ve que le gustan.
Yo, como buena curiosa que soy, y porque no me queda otro chino más cerca... Volví al cabo de los días y pedí coca cola otra vez. El chino volvió a hacer el mismo procedimiento y ¡me volvió a dar otros kikos! Ummmm... Aquí hay truco me dije a mí misma, pero bueno otra bolsa y ésta me la como yo.
¡Ay ilusa de mí! Aquí quien no corre vuela y mientras yo me estaba cambiando alguien ya estaba royendo los kikos...
El tercer día que me regalaron otra bolsa, ¿cómo no?, ya salí yo mosqueadita. ¿A ver si iba a ser que a los kikos les pasa algo? Pues menos mal que yo no he probado bocado... Anda pero y ¿Carlos? ¡qué lo estoy envenenando! Bueno ¿qué digo yo?, ¡pero si se hincha él sólo! Y el caso es que no le pasa nada...
¿Qué pensáis que me comí la tercera bolsa? Efectivamente, ¡no! La dejé por casa, ahora un poco escondida en la cocina y sobrevivió, con otra y otra y otra... Vamos que no vaya a ser que se envenene nadie. Ahora, tirarlas no lo iba a hacer, ya que sólo eran figuraciones mías.
Fue el sexto día, cuando, por fin, descubrí qué ocurría. Por lo visto Coca Cola y Mr. Corn se habían puesto de acuerdo, y juntas se promocionaban. La estrategia era la siguiente: si te llevabas una botella de coca cola de 500 ml, te regalaban una bolsita de Mr. Corn.
Y nada, pues aquí me di cuenta de que soy retrasada, vaya mi cabeza traidora, manipuladora, que ni un segundo deja de ponerme en ridículo... Si me fijara un poco más, habría visto que en la puerta de las bebidas, ponía la promoción que os acabo de contar, pero como soy el despiste personalizado y la frase esa de "haber qué dan" es muy propia mía, pues ¿qué vamos a esperar de una?
El uso que le di a los kikos son estas galletas. ¡Están espectaculares! ¡Crujientes, de chocolate y con el ligero sabor a kikos, que con el salado que ya lleva hace que el sabor de la galleta coja más intensidad.
Galletas de kikos y chocolate
Ingredientes (6 personas)
100 gr de azúcar
100 gr de harina
100 gr de chocolate con leche
40 gr de cacao en polvo sin azúcar
40 gr de mantequilla
3 cucharadas de leche (o menos para que no quede muy solida la masa)
3 cucharadas de kikos muy picados, casi como polvo (aunque yo los he dejado un poco más gordos)
1 huevo
Para rebozar las galletas:
1 cucharadita de azúcar
2 bolsas (menos lo que has quitado de antes) de kikos muy picados, como polvo
Poner papel vegetal en dos bandejas de horno. Después mezcla la harina, con el azúcar y la margarina. Funde el chocolate con leche e incorpora a lo anterior, también el chocolate en polvo y cuando esté bien unido todo agregar las tres cucharadas de kikos muy picaditos. Añade, por último, el huevo removiendo a fondo.
Cuando tengas lista la masa, déjala reposar como media hora en el frigorífico.
Ahora prepara el rebozado, coloca en un bowl pequeño el azúcar y los kikos en polvo y remueve para mezclar bien.
Para preparar las galletas coge porciones de la pasta con una cucharadita y forma bolas. Pasa las bolas por el rebozado y colócalas en las bandejas de horno, con cuidado que queden espaciadas y no se peguen entre sí (como unos 5 mm entre cada una). Introduce en el horno precalentado a 180º durante 15 minutos y ¡listas! No te preocupes que salgan blanditas del horno, porque luego se endurecen bastante y quedan muy muy crujientes.